Meses de ensayo borrados en un segundo y el ciudadano pasa a segundo plano

alcalde

Para quien no vive el arte ni comprende el esfuerzo detrás de una puesta en escena, reprogramar o cancelar una función en un recinto público puede parecer un simple ajuste de agenda. Un trámite burocrático más. Sin embargo, para un elenco de danza, significa echar por tierra meses de disciplina, trabajo no remunerado, inversión en vestuario y el sacrificio de decenas de familias.

Lo ocurrido con la imposición de un acto municipal a la cabeza del Alcalde de la Ciudad, sobre una presentación de danza previamente comprometida expone un patrón político profundo y desgastante en nuestra gestión pública.

Durante la carrera por el voto, el discurso oficial pone al ciudadano en el centro de todas las prioridades. En campaña, el arte es la fotografía perfecta, la juventud es el pilar del futuro y el vecino de a pie es la razón de ser del candidato. Sin embargo, una vez alcanzado el poder, esa jerarquía se invierte. El ciudadano vuelve a quedar en segundo plano y los espacios que le pertenecen al pueblo pasan a ser administrados para elprivilegio de los que estan «en el poder».

Pasar por encima de la programación de una compañía de danza para colocar un acto protocolar confirma la rapidez con la que el interés por la gente (los jóvenes), se diluye tras las elecciones.

Más allá de la molestia del momento, la arbitrariedad causa un daño reputacional severo al elenco. Cuando un espectáculo se cancela o se mueve de fecha de forma abrupta, el público rara vez analiza los atropellos administrativos detrás del escenario: el reclamo y la desconfianza caen directamente sobre los bailarines y directores. Años de trabajo constante para construir una audiencia fiel, profesionalismo y prestigio se ven comprometidos en un instante por una decisión ajena a su control, dejando a los artistas expuestos ante la crítica de su propia comunidad.

Un elenco de danza no opera sobre el aire. Para una presentación de esta magnitud se invierte capital propio, en alquileres de salas de ensayo, diseño de vestuario, iluminación, sonido y difusión. La venta previa de entradas no solo representa el mecanismo para recuperar ese dinero, sino un compromiso legal e intachable con los espectadores. Desplazar la función implica encarar devoluciones masivas de dinero, la pérdida de pasajes o traslados programados y el costo logístico de intentar reubicar a cientos de asistentes que reservaron esa noche específica en sus agendas.

El respeto a una sociedad se mide en el valor que se le da a la palabra empeñada y al trabajo de su gente. El ciudadano no puede ser la prioridad cuando el candidato busca el voto y que cuando el gobernante ejerce el mando, ese mismo ciudadano pasa a segundo plano. Detrás de cada boleto para una gala de danza hay fe pública, trabajo honesto y el derecho de una comunidad a disfrutar de la cultura sin que la política se entrometa en su camino.