Cuando la tragedia se convierte en excusa: Nada justifica el saqueo
El accidente aéreo en El Alto dejó dolor, víctimas y familias devastadas. Sin embargo, junto a la tragedia emergió otra escena que también merece reflexión: personas recogiendo billetes esparcidos entre escombros, ambulancias y cuerpos heridos.
En redes sociales no han faltado quienes intentan justificar ese accionar. Algunos hablan de “oportunidad”, otros de “necesidad”, y no faltan los que relativizan el hecho con el argumento de que “el dinero no tenía valor”.
Pero más allá de la coyuntura, es necesario decirlo con claridad: no existe justificación moral para el saqueo en medio de una tragedia.
La pobreza no convierte en correcto lo incorrecto
Bolivia es un país con profundas desigualdades. Nadie puede negar las carencias que viven muchas familias. Sin embargo, la necesidad no transforma un acto indebido en un acto legítimo.
Aprovechar un accidente, donde hubo muertos y heridos, para apropiarse de bienes ajenos no es un acto de supervivencia, es un acto de descomposición social.
La empatía debe estar primero con las víctimas, no con quienes vieron en el caos una oportunidad.
El daño invisible: los más vulnerables
El Banco Central informó que los billetes transportados no tenían valor legal e incluso difundió las series correspondientes. Desde el punto de vista técnico, eso puede sonar tranquilizador. Pero en la realidad cotidiana, la situación es más compleja, por el efecto que tienen en las transacciones comerciales.
Los más afectados no son quienes participaron del saqueo. Los más afectados son, muchas veces, las personas de la tercera edad: Adultos mayores que no leen con facilidad, Personas que han perdido visión parcial, Comerciantes informales que viven del día a día, Trabajadores que temen recibir billetes presuntamente robados.
El simple temor de aceptar un billete y verse involucrados en un problema legal ha generado desconfianza. Algunos incluso prefieren no trabajar temporalmente para evitar riesgos.
Aquí está la verdadera consecuencia: la ruptura de la confianza en las transacciones diarias. Y cuando la confianza se rompe, el daño social es profundo.
La normalización del vandalismo
Preocupa que existan voces que intenten romantizar o justificar estos actos. Cuando se defiende lo indefendible bajo el argumento de “todos lo harían”, estamos debilitando el tejido moral de la sociedad.
No se trata solo de legalidad. Se trata de valores básicos: Respeto por la vida, Respeto por el orden, Respeto por el dolor ajeno.
Si ante cada accidente, conflicto o crisis aceptamos que el caos es una licencia para apropiarse de lo que no es propio, ¿qué tipo de convivencia estamos construyendo?
La responsabilidad colectiva
Una sociedad no se mide únicamente por su reacción ante la bonanza, sino por su comportamiento en momentos críticos.
El Alto, ciudad trabajadora, combativa y solidaria, no puede quedar reducida a imágenes de saqueo. La mayoría de sus ciudadanos son gente honesta que lucha diariamente por salir adelante. Precisamente por eso, es necesario marcar distancia clara frente a los actos vandálicos. No para estigmatizar, sino para afirmar principios.
Porque justificar el saqueo hoy es abrir la puerta a justificar cualquier desorden mañana.
La tragedia del accidente ya dejó suficiente dolor. No sumemos a ello la degradación ética. La necesidad merece políticas públicas, empleo digno y soluciones estructurales.
Pero el vandalismo no es protesta, no es justicia social y no es reivindicación. Es una muestra de descomposición moral que agrava el sufrimiento golpea la dignidad, genera preocupación sobre el comportamiento del ciudadano boliviano ante este tipo de hechos. Y como sociedad, debemos tener la madurez de decirlo sin ambigüedades.